Volvi a recordar:
Clavaste tus ojos en los míos, esos que siempre te intimidaron porque expresaban más que mis propios labios. Sin decir nada, lo dije todo. Había llegado el momento de la despedida por más que acabases de llegar. Una despedida que no se volvería a repetir. Yo, embargada por un frío que no había sentido nunca. Tú, con algunos besos que me robaste y que a partir de entonces empezarías a repartir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario